“El eslabón ignorado de la inversión pública” (Por Nathan Nadramija, publicado en Gestión el 7 de setiembre de 2016)

El nuevo gobierno está decidido a impulsar proyectos de inversión pública, destinando miles de millones de soles del presupuesto nacional, para brindar agua y desagüe a todos los peruanos, mejorar la infraestructura de transporte y “destrabar” grandes proyectos en diversos sectores.

A pesar de los beneficios de estas iniciativas, la experiencia reciente nos muestra resultados negativos expresado en demoras, paralizaciones, incrementos de presupuesto, tarifas más elevadas, deterioro de la reputación y pérdida de confianza. Este fenómeno se debe principalmente a que, aún contando con estudios de viabilidad económica, legal, técnica y hasta ambiental, los proyectos en el Perú ignoran la viabilidad social.

Se debe involucrar y gestionar las expectativas y preocupaciones de potenciales usuarios, vecinos afectados por la construcción, familias que deberán ser expropiadas/reasentadas, entre otros. Este involucramiento debe arrancar desde la priorización de proyectos, el diseño y el análisis de alternativas y continuar durante la construcción y operación.

Esto es más relevante en un contexto global y nacional en el que las expectativas de la población son crecientemente sensibles a los temas ambientales y sociales. A pesar de que la experiencia internacional e inclusive nuestra normativa reconocen el aspecto social como importante, estas recomendaciones son letra casi muerta.

En este contexto, es necesario que el Estado priorice el cumplimiento de la viabilidad social y ambiental de los proyectos en un marco de análisis de eficiencia, eficacia y control de costos. Las siguientes buenas prácticas contribuirán a reducir demoras y sobrecostos de muchos proyectos:

  • Mapear actores: es clave identificar a los actores relacionados al proyecto, sus niveles de influencia, interés e involucramiento, y las relaciones entre actores con un monitoreo continuo.
  • Sensibilizar: autoridades y técnicos, públicos y privados deben reconocer la importancia de la dimensión social de los proyectos tanto en su diseño como en su ejecución.
  • Diseño acorde: En primer lugar se debe confirmar la prioridad social del proyecto. Si pasa el filtro de prioridad, tiene que asegurarse que el diseño recoja las necesidades de los usuarios en un marco de control de costos. Se requieren diagnósticos sociales cualitativos y cuantitativos que indaguen sobre frecuencia, costumbres y razones de uso. También deben promoverse la participación de los actores claves en el diseño. Con la retroalimentación que se reciba, las autoridades y reguladores deberán tomar decisiones.
  • Comunicar beneficios del proyecto: La estrategia de comunicación debe ser clara sobre los beneficios y costos del proyecto para distintos actores.
  • Estrategia Participativa: La participación de actores o “stakeholder engagement” en inglés es el proceso que permite gestionar los riesgos sociales de mejor manera en un proyecto. Se requieren canales de participación definidos, un plan de comunicación claro y transparente, mecanismos para lograr acuerdos y un sistema de información continua sobre avances y cambios en el proyecto.
  • Procesos de expropiación/reasentamiento efectivos: Este es uno de los temas más sensibles que enfrenta un proyecto. Para ello, es clave la estrategia participativa, la generación de confianza y la aplicación de buenas prácticas de consulta y de compensación. Este es un punto en el que se requiere evaluar el marco regulatorio para tener un sistema que sea balanceado entre cuidar los derechos e intereses de los expropiados/reasentados y el bien común que genera la infraestructura.
  • Impactos sociales derivados de impactos ambientales: Impactos importantes que deben abordarse en la estrategia de viabilidad social incluyen las percepciones sobre afectaciones ambientales, el incremento del tráfico, riesgos de accidentes y enfermedades y otros que deben gestionarse socialmente. Todo el análisis debe realizarse bajo un enfoque de impactos acumulativos con otros proyectos y las afectaciones existentes en el escenario base.

Es muy positivo que el nuevo gobierno tenga la voluntad política de impulsar estos proyectos. Para lograr que se ejecuten en tiempos y presupuestos cercanos a los planificados es indispensable que la viabilidad social de forma integral deje de ser ignorada.

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